Me dedico a una profesión que en su gran mayoría se desarrolla en el mundo online, al menos en mi caso. Y el uso de la inteligencia artificial está en mi día a día, por eso cada vez tengo más claro que hablar del uso responsable de la inteligencia artificial no es una moda, sino una necesidad real.
Es evidente que me beneficio de ella, pero siempre intento ponerme las gafas de «ser humano» y aplicar la coherencia, para darle ese punto de vista crítico, reflexivo y menos complaciente de lo que habitualmente nos lanza.
He usado IA para ayudarme a crear mi propia Web paso por paso (porque no soy diseñadora Web profesional), uso IA para redactar los artículos que ves en mi blog (porque no soy copywriter), uso IA para arreglar la cisterna de mi baño (porque no soy fontanera), pero tengo algo claro, el resultado de usarla para esas tareas no va a ser el mismo que si se lo pidiera a un profesional, pero amiga, en esta vida o se tiene tiempo o se tiene dinero, no hay más.
A lo que iba, que se nota que estoy vomitando y me voy por los cerros de Úbeda…
El uso de la inteligencia artificial en nuestro día a día
El mundo va muy rápido, nos arrolla, y estamos volcando en la IA temas muy importantes y personales que, en otro momento de la historia, enfrentaríamos y disfrutaríamos a partes iguales.
Si la IA me permite transcribir un audio que me han mandado y decirle que responda por mí usando mi tono ¿por qué no hacerlo? O hacer lo mismo con un email. Eso es productividad en estado puro ¿no? ¡Y eso nos encanta!
Pero todo tiene su límite. Tiene sus líneas rojas. En muchas ocasiones, la IA se está usando como sustituto de las relaciones humanas, como sustituto del criterio profesional, y como sustituto de muchas cosas valiosas que estamos empezando a perder por el camino.
Las personas van locas por la vida, no atienden, no leen los mensajes (o los leen mientras hacen otra cosa), no se toman el tiempo de revisar lo que la IA les ha lanzado, de pensar, aplicar criterio,… Vivimos en un mundo hiperconectado, acelerado, con un burnout del copón, con la sensación constante de tener que hacer mil cosas porque un sueldo estándar no nos llega para vivir. Y en ese ritmo estamos descuidando algo básico: nuestras relaciones con las personas.
Si este tema también te toca de cerca, en este artículo hablo de cómo organizarte sin agobios, sin exigencias imposibles y cuidando un poco más los ritmos.
Esto empieza a dar miedo, porque si se pierde la calidez humana y nos convertimos en robots ¿qué nos queda de especial?
Productividad, automatización y falta de atención
Uso la IA. Uso la tecnología. Sería muy hipócrita decir que niego su existencia o que no la uso. Te diré más: me encanta. Pero siempre lo paso todo por mi filtro humano, por mi criterio propio (que será mejor o peor, pero es único).
La IA me agiliza procesos, me ayuda en la automatización de tareas, pero no podemos perder de vista la revisión, la experiencia, el saber hacer que tantos años nos ha costado adquirir. El criterio humano sigue siendo imprescindible.
Si quieres que te ayude a mapear tus procesos, te dejo este otro artículo por aquí.
¿Te ha pasado alguna vez que le has escrito a alguien y has visto que su respuesta ha sido directamente copiar y pegar de ChatGPT o similar? A mí sí, y me molesta bastante. No porque esa persona use IA, sino porque no haya tenido el respeto hacia mí, de tomarse 2 minutos para revisar lo que me manda y ver que hay cosas que la IA no ha tenido en cuenta, porque no tenía el contexto completo…, ¡Te ha jugado una mala pasada…!
La realidad siempre llega antes que la ficción
El otro día leía un post de Instagram de una entrevista que le hicieron a Matt Damon, y decía que los guionistas que trabajan para Netflix reciben una consigna clara: repetir la trama varias veces, porque la plataforma asume que los espectadores ven las películas mientras usan el teléfono. Pero esto ya hace mucho tiempo que está pasando en la vida real: audios, vídeos, mensajes,…estamos en multitarea constante, hay una falta de atención REAL en nuestra rutina.
Esto está degradando las relaciones personales y profesionales. La mayoría de veces no es mala intención, es saturación, mala gestión del tiempo, no saber decir ahí no me meto o eso lo pauso, uso poco consciente de la tecnología y de la inteligencia artificial.
La ética de la inteligencia artificial en el trabajo
También veo a muchas personas en redes vendiendo la idea de que la IA lo puede hacer todo: crear una Web, llevar la contabilidad, automatizar absolutamente todo. Y aquí conviene pararnos y poner un poco de sentido común.
Seguro que llegará el día en que podamos fiarnos al 95% de la IA, pero aún no ha llegado ese día.
No creo que haya que tenerle miedo, pero sí respeto. Algunos trabajos mecánicos ya se han transformado o desaparecido, eso es evidente. En contabilidad, por ejemplo, hay procesos que ya se pueden automatizar: renombrar facturas, identificar datos, clasificar documentos…, pero de lo que no puedes fiarte al 100% es de los procesos críticos.
No puedes delegar una conciliación bancaria sin revisar. Los bancos muestran la información de manera confusa. Ya nos cuesta a nosotros identificar a veces por una descripción del extracto saber de qué se trata, imagínate una IA sin tener nada de contexto… Es fácil que se equivoque, que duplique datos, que borre información y que eso cause un problema serio con Hacienda.
Lo digo desde mi experiencia como contable. La IA ayuda mucho, aporta agilidad, aporta reflexión si se usa adecuadamente, pero nunca va a sustituir el criterio profesional ni el acompañamiento de una persona experta, al menos aún no.
Uso responsable de la inteligencia artificial: una reflexión personal
Este texto es, sobre todo, un desahogo y una reflexión personal. No he usado IA para generarlo: está sacado de un audio de 10:33 minutos que hice hace unos días, que transcribí y que he ordenado con IA, pero verás que tiene un tono bastante hablado y espontáneo.
Y vuelvo a insistir: uso ChatGPT, Perplexity, Comet y muchas más. Me ayudan mucho y me seguirán ayudando a ser más ágil. Pero las uso con cabeza, con criterio y con sentido común.
IA para procesos, sí. IA para ayudarte a enfriar una respuesta complicada, también. Pero siempre con conciencia, con responsabilidad y cuidando las relaciones humanas. Porque un mal uso de la IA se nota y deteriora relaciones.
Si quieres seguir reflexionando conmigo, te invito a que te unas a mi newsletter. No suelo dar demasiado la brasa, pero seguro que te llevo a reflexionar y a replantearte cosas en más de un email.
